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Modelos de investigación educativa
lunes, 27 de marzo de 2017
miércoles, 29 de octubre de 2014
LA HERMENÉUTICA Y LAS BASES EPISTEMOLÓGICAS DE LA INVESTIGACIÓN EDUCATIVA
Para las bases teóricas de la hermenéutica se recomienda el texto de Roberto Sánchez Martínez en el sitio:
Hermenéutica
Hermenéutica
viernes, 26 de septiembre de 2014
Método científico
Para abundar en el contenido del Método científico en el positivismo, sugerimos la lectura del libro de Mario Bunge. Dirigirse a esta liga:La ciencia, su método y filosofía
miércoles, 17 de septiembre de 2014
MODELO DE INVESTIGACIÓN POSITIVISTA
Para analizar el paradigma de la investigación positivista proponemos el texto "El paradigma positivista y la concepción dialéctica del conocimiento" en la siguiente liga: El paradigma psositivista
LINEAS MAESTRAS DEL POSITIVISMO
EL
POSITIVISMO
«Ciencia,
y por lo tanto previsión; previsión, y por lo tanto
acción:
tal es la fórmula que expresa con exactitud la relación
general
que existe entre ciencia y arte, tomando estos
dos
términos en su acepción más amplia.»
Auguste
Comte
«La
ciencia, y únicamente la ciencia, puede brindar a la
humanidad
aquello sin lo cual ésta no puede vivir, un símbolo y una ley.»
Ernest
Renan
«La
evolución sólo puede acabar estableciendo la mayor
perfección
y la felicidad más completa.»
Herbert
Spencer
EL
POSITIVISMO
1. LAS
LÍNEAS MAESTRAS DEL POSITIVISMO
El
positivismo es una corriente compleja de pensamiento que dominó gran parte de
la cultura europea en sus manifestaciones filosóficas, políticas, pedagógicas,
historiográficas y literarias (entre estas últimas se cuentan, por ejemplo, el
verismo y el naturalismo), en un período que cubre aproximadamente desde 1840
hasta llegar casi al inicio de la primera guerra mundial. Una vez superada la
tempestad de 1848 -si exceptuamos el enfrentamiento de Crimea en 1854 y la guerra
franco-prusiana de 1870-la época positivista fue una era básicamente pacífica
en Europa. Al mismo tiempo, constituyó la época de la expansión colonial
europea en Africa y en Asia. En el seno de este marco político culmina en
Europa la transformación industrial, lo cual posee enormes consecuencias para
la vida social: la utilización de los descubrimientos científicos transforma
todo el sistema de producción; se multiplican las grandes ciudades; crece de
modo impresionante la red de intercambios comerciales; se rompe el antiguo
equilibrio entre ciudades y zonas rurales; aumentan la producción y la riqueza;
la medicina vence las enfermedades infecciosas, antiguo y angustioso flagelo
de la humanidad. En pocas palabras, la revolución industrial cambia radicalmente
la forma de vivir. La idea de un progreso humano y social imposible de detener
galvaniza el entusiasmo general: de ahora en adelante dispondríamos de los
instrumentos capaces de solucionar todos los problemas. Estos instrumentos
consistían -en opinión de muchos- sobre todo en la ciencia y en sus
aplicaciones a la industria, y luego en el mercado libre y en la educación.
Además,
en lo que concierne la ciencia, durante el período que transcurre entre 1830 y
1890, mantiene con frecuencia unos vínculos muy estrechos con el desarrollo de
la industria, vinculación que posee un carácter bilateral, lo cual permite
avances muy significativos en sus sectores más importantes. En matemáticas se
dan las aportaciones de Cauchy, Weierstrass, Dedekind y Cantor, entre otros.
En geometría, las de Riemann, Bolyai, Lobachevski y Klein. La física se
enorgullece de los resultados de las investigaciones de Faraday sobre la
electricidad y de Maxwell y Hertz sobre el electromagnetismo; también en la
ciencia física se producen los trabajos fundamentales de Mayer, Helmholtz,
Joule, Clausius y Thomson sobre termodinámica. Berzelius, Mendeléiev, von
Liebig, entre otros, hacen que crezca el saber químico. Koch, Pasteur y sus
discípulos desarrollan la microbiología y obtienen éxitos resonantes. Bernard
edifica la fisiología y la medicina experimental. Es la época de la teoría
evolucionista de Darwin, y la torre Eiffel de París y la apertura del canal de
Suez simbolizan los adelantos tecnológicos.
Una
estabilidad política básica, el proceso de industrialización y los avances de
la ciencia y de la tecnología constituyen los pilares del medio ambiente socio
cultural que el positivismo interpreta, exalta y favorece. Sin ninguna duda, no
tardarán en hacerse sentir los grandes males de la sociedad industrial (los
desequilibrios sociales, las luchas por la conquista de los mercados, la
condición miserable del proletariado, la explotación laboral de los menores de
edad, etc.). El marxismo diagnostica estos males de un modo distinto a como lo
hacen los positivistas. Estos no ignoran dichos males, pero pensaban que pronto
desaparecerían, como fenómenos transitorios que serían eliminados por el
aumento del saber, de la instrucción popular y de la riqueza.
Los
representantes más significativos del positivismo son Auguste Comte (1798-1857)
en Francia; John Stuart Mill (1806-1873) Y Herbert Spencer (1820-1903) en
Inglaterra; Jakob Moleschott (1822-1893) y Ernst Haeckel (1834-1919) en
Alemania; Roberto Ardigo (1828-1920) en Italia. Por lo tanto, el positivismo se
integra en tradiciones culturales diferentes: en Francia se inserta en el
interior del racionalismo que va desde Descartes hasta la ilustración; en
Inglaterra, se desarrolla sobre la tradición empirista y utilitaria, y se
relaciona a continuación con la teoría darwinista de la evolución; en Alemania
asume la forma de un rígido cientificismo y de un monismo materialista; en
Italia, con Ardigo, sus raíces se remontan al naturalismo renacentista, aunque
sus frutos más notables -debido a la situación social de la nación ya
unificada- los brinda en el ámbito de la pedagogía y de la antropología
criminal. En cualquier caso, a pesar de tal diversidad, en el positivismo
existen unos rasgos fundamentales de carácter común, que permiten calificarlo
como corriente unitaria de pensamiento:
1) A
diferencia del idealismo, en el positivismo se reivindica el primado de la
ciencia: sólo conocemos aquello que nos permite conocer las ciencias, y el
único método de conocimiento es el propio de las ciencias naturales.
2) El
método de las ciencias naturales (descubrimiento de las leyes causales y el
control que éstas ejercen sobre los hechos) no sólo se aplica al estudio de la
naturaleza sino también al estudio de la sociedad.
3) Por
esto la sociología -entendida como la ciencia de aquellos «hechos naturales»
constituidos por las relaciones humanas y sociales- es un resultado
característico del programa filosófico positivista.
4) En el
positivismo no sólo se da la afirmación de la unidad del método científico y de
la primacía de dicho método como instrumento cognoscitivo, sino que se exalta
la ciencia en cuanto único medio en condiciones de solucionar en el transcurso
del tiempo todos los problemas humanos y sociales que hasta entonces habían
atormentado a la humanidad.
5)
Por consiguiente, la época del positivismo se caracteriza por un optimismo
general, que surge de la certidumbre en un progreso imparable (concebido en
ocasiones como resultado del ingenio y del trabajo humano, y en otros casos
como algo necesario y automático) que avanza hacia condiciones de
bienestar generalizado, en una sociedad pacifica y penetrada de solidaridad
entre los hombres.
6) El
hecho de que la ciencia sea propuesta por los positivistas como único
fundamento sólido de la vida de los individuos y de la vida en común; el que se
la considere como garantía absoluta del destino de progreso de la humanidad;
el que el positivismo se pronuncie a favor de la divinidad del hecho: todo esto
indujo a algunos especialistas a interpretar el positivismo como parte
integrante de la mentalidad romántica. En el caso del positivismo, sin embargo,
sería la ciencia la que resultaría elevada a la categoría de infinito. El
positivismo de Comte, por ejemplo -afirma Kolakowski-, «implica una construcción
de filosofía de la historia omnicomprensiva, que culmina en una visión
mesiánica».
7) Tal
interpretación no ha impedido sin embargo que otros exegetas (por ejemplo,
Geymonat) descubran en el positivismo determinados temas fundamentales que proceden
de la tradición ilustrada, como es el caso de la tendencia a considerar que los
hechos empíricos son la única base del verdadero conocimiento, la fe en la
racionalidad científica como solucionadora de los problemas de la humanidad, o
incluso la concepción laica de la cultura, entendida como construcción
puramente humana, sin ninguna dependencia de teorías y supuestos teológicos.
8)
Siempre en líneas generales el positivismo (John Stuart MilI constituye una
excepción en este aspecto) se caracteriza por una confianza acrítica y a
menudo expeditiva y superficial en la estabilidad y en el crecimiento sin
obstáculos de la ciencia. Dicha confianza acrítica se transformó en un fenómeno
consuetudinario.
9) La
positividad de la ciencia lleva a que la mentalidad positivista combata las
concepciones idealistas y espiritualistas de la realidad, concepciones que los
positivistas acusaban de metafísicas, aunque ellos cayesen también en posturas
metafísicas tan dogmáticas como aquellas que criticaban.
10) La
confianza en la ciencia y en la racionalidad humana, en definitiva, los rasgos
ilustrados del positivismo, indujeron a algunos marxistas a considerar que la
acostumbrada interpretación marxista -según la cual el positivismo no es más
que la ideología de la burguesía en la segunda mitad del siglo XIX- es
insuficiente y, en cualquier caso, posee un carácter reductivo.
EL POSITIVISMO
EL POSITIVISMO
Consiste en no admitir como validos científicamente otros conocimientos,
sino los que proceden de la experiencia, rechazando, por tanto, toda noción a
priori y todo concepto universal y absoluto. El hecho es la única realidad
científica, y la experiencia y la inducción, los métodos exclusivos de la
ciencia. Por su lado negativo, el positivismo es negación de todo ideal, de los
principios absolutos y necesarios de la razón, es decir, de la metafísica. El
positivismo es una mutilación de la inteligencia humana, que hace posible, no
sólo, la metafísica, sino la ciencia misma. Esta, sin los principios ideales,
queda reducida a una nomenclatura de hechos, y la ciencia es una colección de
experiencias, sino la idea general, la ley que interpreta la experiencia y la
traspasa. Considerado como sistema religioso, el positivismo es el culto de la
humanidad como ser total y simple o singular.
· Evolución.
El término positivismo fue utilizado por primera vez por el filósofo y
matemático francés del siglo XIX Auguste Comte, pero algunos de los conceptos
positivistas se remontan al filósofo británico David Hume, al filósofo francés
Saint-Simon, y al filósofo alemán Immanuel Kant.
Comte eligió la palabra positivismo sobre la base de que señalaba la
realidad y tendencia constructiva que él reclamó para el aspecto teórico de la
doctrina. En general, se interesó por la reorganización de la vida social para
el bien de la humanidad a través del conocimiento científico, y por esta vía,
del control de las fuerzas naturales. Los dos componentes principales del
positivismo, la filosofía y el Gobierno (o programa de conducta individual y
social), fueron más tarde unificados por Comte en un todo bajo la concepción de
una religión, en la cual la humanidad era el objeto de culto. Numerosos
discípulos de Comte rechazaron, no obstante, aceptar este desarrollo religioso
de su pensamiento, porque parecía contradecir la filosofía positivista
original. Muchas de las doctrinas de Comte fueron más tarde adaptadas y
desarrolladas por los filósofos sociales británicos John Stuart Mill y Herbert
Spencer así como por el filósofo y físico austriaco Ernst Mach.
· Comte, Augusto (1798-1857).
Filósofo positivista francés, y uno de los pioneros de la sociología.
Nació en Montpellier el 19 de enero de 1798. Desde muy temprana edad rechazó el
catolicismo tradicional y también las doctrinas monárquicas. Logró ingresar en
la Escuela Politécnica de París desde 1814 hasta 1816, pero fue expulsado por
haber participado en una revuelta estudiantil. Durante algunos años fue
secretario particular del teórico socialista Claude Henri de Rouvroy, conde de
Saint-Simon, cuya influencia quedaría reflejada en algunas de sus obras. Los
últimos años del pensador francés quedaron marcados por la alienación mental,
las crisis de locura en las que se sumía durante prolongados intervalos de
tiempo. Murió en París el 5 de septiembre de 1857.
Para dar una respuesta a la revolución científica, política e industrial
de su tiempo, Comte ofrecía una reorganización intelectual, moral y política
del orden social. Adoptar una actitud científica era la clave, así lo pensaba,
de cualquier reconstrucción.
Afirmaba que del estudio empírico del proceso histórico, en especial de
la progresión de diversas ciencias interrelacionadas, se desprendía una ley que
denominó de los tres estadios y que rige el desarrollo de la humanidad. Analizó
estos estadios en su voluminosa obra Curso de filosofía
positiva (6 vols., 1830-1842). Dada la
naturaleza de la mente humana, decía, cada una de las ciencias o ramas del
saber debe pasar por "tres estadios teoréticos diferentes: el teológico o
estadio ficticio; el metafísico o estadio abstracto; y por último, el
científico o positivo". En el estadio teológico los acontecimientos se
explican de un modo muy elemental apelando a la voluntad de los dioses o de un
dios. En el estadio metafísico los fenómenos se explican invocando categorías
filosóficas abstractas. El último estadio de esta evolución, el científico o
positivo, se empeña en explicar todos los hechos mediante la aclaración
material de las causas. Toda la atención debe centrarse en averiguar cómo se
producen los fenómenos con la intención de llegar a generalizaciones sujetas a
su vez a verificaciones observacionales y comprobables. La obra de Comte es
considerada como la expresión clásica de la actitud positivista, es decir, la
actitud de quien afirma que tan sólo las ciencias empíricas son la adecuada
fuente de conocimiento.
Cada uno de estos estadios, afirmaba Comte, tiene su correlato en
determinadas actitudes políticas. El estadio teológico tiene su reflejo en esas
nociones que hablan del Derecho divino de los reyes. El estadio metafísico
incluye algunos conceptos tales como el contrato social, la igualdad de las
personas o la soberanía popular. El estadio positivo se caracteriza por el
análisis científico o "sociológico" (término acuñado por Comte) de la
organización política. Bastante crítico con los procedimientos democráticos,
Comte anhelaba una sociedad estable gobernada por una minoría de doctos que
empleara métodos de la ciencia para resolver los problemas humanos y para
imponer las nuevas condiciones sociales.
Aunque rechazaba la creencia en un ser transcendente, reconocía Comte el
valor de la religión, pues contribuía a la estabilidad social. En su obra Sistema de Política Positiva (1851-1854;
1875-1877), propone una religión de la humanidad que estimulara una benéfica
conducta social. La mayor relevancia de Comte, sin embargo, se deriva de su
influencia en el desarrollo del positivismo.
· La Ley de los tres Estados.
Según Comte, los conocimientos pasan por tres estados teóricos
distintos, tanto en el individuo como en la especie humana. La ley de los tres
estados, fundamento de la filosofía positiva, es, a la vez, una teoría del
conocimiento y una filosofía de la historia. Estos tres estados se llaman:
· Teológico.
- Metafísico.
- Positivo.
- Estado Teológico:
Es ficticio, provisional y preparatorio. En él, la mente busca las
causas y los principios de las cosas, lo más profundo, lejano e inasequible.
Hay en él tres fases distintas:
· Fetichismo: en que se personifican las cosas y se les atribuye un poder mágico o
divino.
- Politeísmo: en que la animación es
retirada de las cosas materiales para trasladarla a una serie de
divinidades, cada una de las cuales presenta un grupo de poderes: las
aguas, los ríos, los bosques, etc.
- Monoteísmo: la fase superior, en que
todos esos poderes divinos quedan reunidos y concentrados en uno llamado
Dios.
En este estado, predomina la imaginación, y corresponde a la infancia de
la humanidad. Es también, la disposición primaria de la mente, en la que se
vuelve a caer en todas las épocas, y solo una lenta evolución puede hacer que
el espíritu humano de aparte de esta concepción para pasar a otra. El papel
histórico del estado teológico es irremplazable.
· Estado Metafísico:
O estado abstracto, es esencialmente crítico, y de transición, Es una
etapa intermedia entre el estado teológico y el positivo. En el se siguen
buscando los conocimientos absolutos. La metafísica intenta explicar la
naturaleza de los seres, su esencia, sus causas. Pero para ello no recurren a
agentes sobrenaturales, sino a entidades abstractas que le confieren su nombre
de ontología. Las ideas de principio, causa, sustancia, esencia, designan algo
distinto de las cosas, si bien inherente a ellas, más próximo a ellas; la mente
que se lanzaba tras lo lejano, se va acercando paso a paso a las cosas, y así
como en el estado anterior que los poderes se resumían en el concepto de Dios,
aquí es la naturaleza, la gran entidad general que lo sustituye; pero esta
unidad es más débil, tanto mental como socialmente, y el carácter del estado
metafísico, es sobre todo crítico y negativo, de preparación del paso al estado
positivo; una especie de crisis de pubertad en el espíritu humano, antes de
llegar a la adultes.
· Estado Positivo:
Es real, es definitivo. En él la imaginación queda subordinada a la
observación. La mente humana se atiene a las cosas. El positivismo busca sólo
hechos y sus leyes. No causas ni principios de las esencias o sustancias. Todo
esto es inaccesible. El positivismo se atiene a lo positivo, a lo que está
puesto o dado: es la filosofía del dato. La mente, en un largo retroceso, se
detiene a al fin ante las cosas. Renuncia a lo que es vano intentar conocer, y
busca sólo las leyes de los fenómenos.
· EL CARACTER SOCIAL DEL ESPIRITU POSITIVO.
El espíritu positivo tiene que fundar un orden social. La constitución
de un saber positivo es la condición de que haya un autoridad social
suficiente, y esto refuerza el carácter histórico del positivismo.
Comte, fundador de la Sociología, intenta llevar al
estado positivo el estudio de la Humanidad colectiva, es decir, convertirlo en
ciencia positiva. En la sociedad rige también, y principalmente, la ley de los
tres estados, y hay otras tantas etapas, de las cuales, en una domina lo
militar.
Comte valora altamente el papel de organización que corresponde a la
iglesia católica; en la época metafísica, corresponde la influencia social a
los legistas; es la época de la irrupción de las clases medias, el paso de la
sociedad militar a la sociedad económica; es un período de transición, crítico
y disolvente; el protestantismo contribuye a esta disolución. Por último, al
estado positivo corresponde la época industrial, regida por los intereses
económicos, y en ella se ha de restablecer el orden social, y este ha de
fundarse en un poder mental y social.
· EL POSITIVISMO Y LA FILOSOFIA.
Es aparentemente, una reflexión sobre la ciencia. Después de agotadas
éstas, no queda un objeto independiente para la filosofía, sino ellas mismas;
la filosofía se convierte en teoría de la ciencia. Así, la ciencia positiva
adquiere unidad y conciencia de sí propia. Pero la filosofía, claro es,
desaparece; y esto es lo que ocurre con el movimiento positivo del siglo XIX,
que tiene muy poco que ver con la filosofía.
Pero en Comte mismo no es así. Aparte de lo que cree hacer hay lo que
efectivamente hace. Y hemos visto que:
1. Es una filosofía de la historia (la ley de los tres estados).
- Una teoría metafísica de la
realidad, entendida con caracteres tan originales y tan nuevos como el ser
social, histórica y relativa.
- Una disciplina filosófica
entera, la ciencia de la sociedad; hasta el punto de que la sociología, en
manos de los sociólogos posteriores, no ha llegado nunca a la profundidad
de visión que alcanzó en su fundador.
Este es, en definitiva, el aspecto más verdadero e interesante del
positivismo, el que hace que sea realmente, a despecho de todas las apariencias
y aun de todos los positivistas, filosofía.
· EL SENTIDO DEL POSITIVISMO.
Esta ciencia positiva es una disciplina de modestia; y esta es su
virtud. El saber positivo se atiene humildemente a las cosas; se queda ante
ellas, sin intervenir, sin saltar por encima para lanzarse a falaces juegos de
ideas; ya no pide causas, sino sólo leyes. Y gracias a esta austeridad logra
esas leyes; y las posee con precisión y con certeza.
Una y otra vez vuelve Comte, del modo más explícito, al problema de la
historia, y la reclama como dominio propio de la filosofía positiva. En esta
relación se da el carácter histórico de esta filosofía, que puede explicar el
pasado entero
EL NEOPOSITIVISMO Y LA FILOSOFÍA ANALÍTICA
Esta corriente cobró un gran auge en el s. XX, sobre todo en el área
anglosajona, llegando a ser considerada como la única filosofía verdadera y la
única válida para la época contemporánea. Bajo el nombre de
movimiento analítico se desarrollan distintas concepciones filosóficas, como el
neopositivismo y el neoempirismo que, aun manteniendo posiciones opuestas en
algunos puntos, mantienen en común los siguientes rasgos.
- Una crítica a la metafísica al no considerarla como saber absoluto.
- Una actitud filosófica con una marcada tendencia empirista al intentar
introducir los resultados de la investigación científica experimental en los
esquemas del pensamiento lógico.
- Un análisis exhaustivo del lenguaje como método y tarea específicos de
la filosofía. Este análisis no se justifica del mismo modo en las diversas corrientes, ya
que no profesan una distinta concepción del mismo.
- Concepción de la filosofía como saber no-sustantivo, es decir, no
positivo, o sea, como simple preparación para la ciencia.
Fuente: www.azc.uam.mx
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